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martes, 11 de diciembre de 2012

la disciplina

La disciplina de Dios


El sentido de la disciplina
El apóstol dijo a los hebreos que, aunque habían sufrido mucho y pasado muchas pruebas y persecuciones en su lucha contra el pecado, todavía no habían resistido hasta derramar sangre (Heb. 11:4). A este respecto, se quedaron cortos de lo que sufrió nuestro Señor (Heb. 12.2). Lo que los creyentes sufren no puede nunca compararse con lo que el Señor sufrió.
¿Qué debe esperar una persona después de ser salva? No hemos de dar una esperanza indebida a los hermanos. Les deberíamos enseñar que van a encontrar muchos problemas en el futuro, pero el propósito y el designio de Dios están detrás de todo ello.
En Hebreos 12:5-6, el apóstol cita Proverbios 3, y dice que si el Señor nos disciplina, no debemos menospreciar esa disciplina como algo sin importancia, y que si el Señor nos reprende, no debemos desmayar.
Algunos consideran triviales las dificultades, los sufrimientos y la disciplina que Dios les manda, de modo que pasa inadvertida para ellos. Otros desmayan cuando el Señor los reprende y los tiene en sus manos. Piensan que ya han sufrido demasiado en medio de sus circunstancias, y que la vida cristiana es muy difícil. Desmayan y tambalean ante las dificultades que encuentran en el camino. Ambas actitudes son incorrectas.
Muchos hijos de Dios han sido salvos durante 8 ó 10 años, sin embargo, no ven el propósito que Dios tiene al castigarlos. Pasan ciegamente por sus experiencias. No se preguntan acerca de lo que atraviesan hoy, y lo dejan pasar inadvertidamente. Por una parte, entonces, no debemos menospreciar la disciplina; por otra, no debemos hacer demasiado escándalo al respecto. Debemos aprender a aceptar la disciplina del Señor y comprender que la disciplina que nos inflige y el oprobio que llevamos siempre tienen un propósito

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